Cronos, el dios que se comió a sus hijos para no ser derrocado

La religión clásica que conocemos más a fondo, la griega, desarrolló una mitología extremadamente rica y llena en sus orígenes de figuras maléficas, o al menos amenazantes. Porque los dioses olímpicos son cualquier cosa menos buena gente: Cronos, por ejemplo, devoró a sus hijos después de haber castrado a su padre.

¿Quién fue Cronos?

Cronos, el dios griego del tiempo –o Saturno para los romanos–, era un verdadero tirano, al igual que su padre Urano. Se casó con su hermana Rea y devoró a sus propios hijos al nacer pues le habían anunciado que uno de ellos le quitaría el poder.

Furioso, pensó en arrojarlos al Tártaro (lugar que se encuentra en lo más profundo de la tierra), pero no lo hizo porque con la ayuda de sus poderosos tíos la profecía se cumpliría inexorablemente.

¿Cuántos hijos tiene Cronos?

Entonces decidió devorarlos uno a uno, según fueran naciendo. Eso hizo con Hestia, Deméter, Hera, Hades y Poseidón; aunque al avecinarse un nuevo parto, Rea pidió ayuda a su madre, Gea, que la refugió en la remota Arcadia.

Allí nació Zeus, lejos de todo; también de Cronos. Al amparo de la noche, en vez de entregarle al bebé, Rea le dió a Cronos una piedra para que la comiera. Así lo hizo. Zeus estaba oculto y seguro.

Cronos (Crono), dios que se comió a sus hijos
Francisco de Goya (1746-1828), pintor español, retrató el canibalismo del dios en un famoso cuadro titulado Saturno devorando a un hijo (1823). Foto: Getty Images

 

¿Quién mató a Cronos?

Zeus creció en Creta, lejos de todos, criado por sus nodrizas, su madre, Rea, y su abuela, Gea. Y llegó el día en que el joven y fuerte dios estaba preparado para enfrentarse a su temido padre.

Consiguió acercarse a él haciéndose pasar por su copero y le hizo beber una poderosa droga purgante que le hizo vomitar el contenido de su estómago, hasta que los dos hermanos y las tres hermanas de Zeus volvieron a nacer.

La ira de Cronos fue inmensa, pero el joven dios, con sus hermanos liberados y agradecidos, estaba en disposición de iniciar el combate contra su aterrador progenitor.

Caída del dios del tiempo

Durante 10 años, como en Troya, la guerra entre titanes y dioses, conocida como Titanomaquia, tuvo un resultado indeciso. Los titanes se hicieron fuertes en el monte Otris; los dioses, en otra montaña que habría de ser su morada para siempre: el Olimpo.

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La Tierra sufría espantosamente. Entonces Gea decidió dar a su nieto el consejo definitivo: liberar a los resentidos hermanos de su padre, los Cíclopes y los Hecatonquiros, encerrados en el Tártaro desde hacía largo tiempo.

Liberados, sus tíos saludaron a Zeus como el verdadero soberano y se lanzaron furiosos a la lucha. Los agradecidos cíclopes forjaron para Zeus el rayo y el relámpago; hicieron para Hades un yelmo mágico que lo haría invisible –hermosa alegoría de lo que habría de ser el mundo de Hades, la muerte– y moldearon para Poseidón el tridente con el que agitaría los mares y movería la tierra.

Con estas armas, los tres hermanos inclinaron a su favor la balanza de una guerra que ganaron definitivamente con la intervención de los Hecatonquiros, quienes utilizando la multitud de sus brazos, lanzaron una incesante lluvia de piedras que enterró a los titanes.

Entonces Zeus se comportó como su padre: encerró en el Tártaro a los titanes, con Cronos a la cabeza, y puso de carceleros a los tres Hecatonquiros, cuyo odio garantizaba que no saldrían.

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